Platero de Cartón

Apenas veinte días después que Platero y yo viera la luz, el 1 de enero de 1915 Juan Ramón Jiménez recibe de manos de una de sus amistades, Natalia Cossío, un obsequio que lo acompañará de por vida. Tal y como el poeta nos cuenta en uno de los apéndices de la obra Viene en una caja de cartón con esta indicación. ¡Cuidado! ¡Frájil!… entre papeles de seda y flores. Es gris, con la cabeza péndulo. Este regalo es el protagonista de la pieza que hoy presentamos, Platero de Cartón.

La sensibilidad exquisita del moguereño provoca que el entrañable burrillo continúe trotando y escribe hace exactamente 100 años, a finales de 1915, un nuevo capítulo titulado Platero de cartón, donde narra cómo ese obsequio de su entrañable amiga y también de Platero lo acompaña todos los días en su escritorio y le parece que es incluso el propio Platero al que mima con la mirada.

Nos cuenta que es mitad gris, y mitad blanco; tiene la boca negra y colorada, los ojos enormemente grandes y enormemente negros; lleva unas angarillas de barro con seis macetas de flores de papel de seda, rosas, blancas y amarillas; mueve la cabeza y anda sobre una tabla pintada de añil, con cuatro ruedas toscas. 

La persona que tan generosamente felicita la navidad de 1915 a JRJ  obsequiándole con este Platero de Cartón, fue Natalia B. Cossío, era hija de Manuel Bartolomé Cossío,  el insigne crítico de arte  y pedagogo y discípulo de Giner de Los Ríos, y años después casaría con Alfredo Jiménez Fraud, director de la Residencia de Estudiantes con la que Juan Ramón colaboró hasta su salida de España en 1936.

La amistad entre JRJ y Natalia surge a raíz de la relación que el moguereño tiene con su padre y se extiende más allá del exilio durante toda la vida, haciéndose extensiva a sus respectivos cónyuges es decir a Zenobia y Jiménez Fraud. La abundante correspondencia entre ellos es prueba tangible de la  sincera y fuerte amistad. Una buena muestra de ello son las caricaturas líricas que JR les dedica a ambos e incluye en una sección de Libros de Madrid, concretamente en el león andaluz. A Natalia la describe de la forma que sigue:

Aquella Diana adolescente que huía de ella misma sin más pasión ni sueño que la aurora, se ha ido formando, poco a poco. Mujer de hilos sutiles, al abrirse plenamente ha surjido despejada y pacífica la flor natural, ha surjido su cuerpo de su alma. No sé de nadie que tenga un cuerpo más igual a su alma. Habla lo justo. Mira lo necesario. Se detiene lo preciso. Da lo suficiente. Si hubiera que nombrarla de nuevo no habría más que copiarle el nombre de su frente: la nobleza.

Actualmente y gracias a la generosidad tanto del poeta como de Natalia, podemos disfrutar de este Platero de Cartón para que todo aquel que entre en el despacho, sobre todo los niños, digan sonriendo: ¡Platero, Platero…!

Bibliografía

  • Campoamor González, Antonio. Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Años Españoles (1881-1936). Sevilla,  UNIA, 2014.
  • Guerrero Ruíz, Juan, Juan Ramón de viva voz. Prólogo de Ricardo Gullón. Madrid, Ínsula, 1961.
  • Gullón, Ricardo. Platero revivido. En De Papeles de Son Armadans, Palma de Mallorca, nº XLVI, XLVII y XVLVIII, en., feb. y marzo de 1960.
  • Sáenz de la Calzada, Margarita. La Residencia de Estudiantes: los residentes. Madrid,  Acción Cultural Española, 2011
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