Zenobia Camprubí Aymar

Escucha la voz de Zenobia recitando Platero y yo.

Zenobia Camprubí Aymar

Zenobia Camprubí Aymar nació en Malgrat de Mar (Barcelona) el 31 de agosto de 1887, en la calle del Mar, sitio de veraneo cerca de Barcelona, donde estaba destinado su padre. Su padre, Raimundo Camprubí, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, nacido en Pamplona, era miembro de una distinguida familia de militares catalanes. Fue destinado por el Gobierno Español a Puerto Rico para construir una importante carretera (Ponce-Coamo).

Allí conoció a Isabel Aymar Lucca, hija de Augusto Aymar, rico comerciante norteamericano descendiente de  un hugonote francés y de Zenobia Lucca, miembro de una familia de corsos instalados en Puerto Rico, y poseían caballos, cafetales e incluso, esclavos. Al nacer Isabel le regalaron una esclava, Bobita a la que, años más tarde, le fue concedida la libertad, pero nunca se separó de Isabel y vivió con la familia hasta su muerte.

Tanto su madre Isabel Aymar, como su abuela, Zenobia Lucca, aunque nacidas en Guayanilla (Puerto Rico) habían sido educadas en los mejores colegios de los Estados Unidos, hablaban varias lenguas y eran mujeres cultas que habían viajado mucho, estando emparentadas con las mejores familias americanas. Raimundo Camprubí e Isabel Aymar se casaron en 1879, en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de la ciudad de Ponce.

Zenobia fue educada por su madre, abuela y tutores particulares, no necesitó acudir a ningún colegio. Vivió con su abuela hasta los 8 años, en el Paseo de Gracia, en el piso contiguo al de sus padres, y ella la inició en la lectura y en el aprendizaje de las lenguas. Su abuela muere en 1895 y su madre continua con su educación. En febrero de 1896, Zenobia hace su primer viaje a los Estados Unidos con su madre y su hermano de ésta, José Benjamín, para arreglar distintos asuntos relacionados con la herencia de su madre. Otro de los motivos del viaje es dejar a su hermano mayor en la Universidad de Harvard, en Cambridge, muy cerca de Boston.   En mayo, madre e hija regresan a Barcelona.  La salud de Zenobia, que estaba a punto de cumplir nueve años, era delicada y por indicación médica vivieron en Sarriá, donde pasa la época más feliz de su infancia, pues disfrutaba de sus tíos paternos y tuvo a su primera gran amiga de su edad, María Muntadas.  Esta amistad uniría a las dos niñas por el resto de sus vidas.  María y Zenobia crearon la sociedad que llamaron “Las abejas industriosas”, a semejanza de las que, con el nombre de Sewing Circle, existían en algunas ciudades norteamericanas y se dedicaban a coser ropa para los pobres.

A la casa de Sarriá llevaron el piano Stenway que su tío José Benjamín había heredado de su abuelo Augusto Ayymar y le había regalado a ella, y en él recibió Zenobia las primeras lecciones de música de un maestro particular que además le enseñó las primeras nociones de aritmética, gramática, geografía e historia de España.

En 1900, cuando Zenobia tenía 13 años, trasladaron a su padre a la Jefatura de Obras Públicas de Tarragona, e Isabel, siguiendo con su idea de que sus hijos varones estudiaran fuera de España, envió el segundo de ellos, Raimundo, a Alemania, de donde pasó después a Suiza.  Al año siguiente Zenobia viajó con Augusto, su hermano pequeño y su madre a Suiza, en busca del remedio que los mejores doctores y cirujanos suizos podían proporcionar al niño, víctima de una rara enfermedad de ojos y un oído causada por un ataque de difteria.

 En 1902, su padre fue destinado a Valencia, siendo ésta la época más triste y aburrida, en la infancia de Zenobia. Sus hermanos estudian fuera y ella sale poco, en compañía de su padre o de la fiel Bobita, que quería muchísimo a Zenobia e incluso la dejó heredera de sus bienes. Escribe en español, en 1902, un relato autobiográfico titulado Malgrat que iba destinado a formar parte de un libro. Durante esa estancia en Valencia,  todos los días le parecen iguales: clases de música y francés con un profesor particular, y de inglés e italiano y de literatura e historia con su madre, que seguía esmerándose en su educación.

  En 1903, Zenobia, Augusto y su madre viajaron de nuevo a Suiza, donde permanecieron esta vez cuatro meses, de agosto a noviembre, instalados en Lausana, donde Zenobia tuvo ocasión de establecer sus primeras relaciones sociales.  Estando allí visita por primera vez al ginecólogo que le va a diagnosticar un fibroma uterino sin tratamiento.

En Valencia, la vida del matrimonio se agrió de tal modo que termina en  la separación de sus padres e Isabel Aymar decide trasladarse a los Estados Unidos. Isabel se llevó consigo a “Bobita”, a Zenobia y a sus otros dos hijos, a quienes buscó acomodo nada más llegar: a Raimundo, llegado de Suiza, lo matriculó en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y a Augusto, cuya delicada salud le había aconsejado a su madre tenerlo siempre en casa, junto a ella, en una de las escuelas públicas de Newburgh (Nueva York), cuando Zenobia y ella se instalaron, meses después en 1905, en esta ciudad. Allí viven numerosos familiares y amigos de la familia. Allí pasaron varios años decisivos para la formación de Zenobia y convertirla en una persona independiente, práctica y emprendedora. Allí se mueve en los círculos más distinguidos de Nueva York y Washington, también conoce a un amigo de su hermano José, Henry Shattuck, abogado, educado en Harvard y miembro de una importante familia de Boston. Él se enamora de ella y la corteja, pero la consideraba muy joven y prefirió esperar, cuando se decidió a expresarle sus intenciones, Zenobia ya estaba comprometida con Juan Ramón, con gran pesar de la madre de Zenobia, que siempre vio en Shattuck el hombre perfecto para su hija. Henry Shattuck nunca se casó, fue siempre el albacea familiar y el administrador de los bienes de Zenobia y Juan Ramón, incluso después de la muerte de Zenobia.

En 1908 viviendo en la ciudad de Flushing (famosa por los torneos de tenis), fue admitida como estudiante especial en la Escuela de Pedagogía de la Universidad de Columbia, Nueva York. Por aquel entonces, Zenobia tiene una amplia formación en literatura, historia y música, domina el español, inglés y francés, y en esta Universidad estudia literatura inglesa, pero no termina el curso, pues se ve interrumpido por la boda de su hermano mayor, una operación de apendicitis y la decisión de su madre de regresar a España.  Para hacer el viaje menos doloroso, invitó a su prima, Hannah Crooke, una chica viva y emprendedora con quien saldría Zenobia de excursión por muchas regiones de España.

Ocuparon en La Rábida la casa de los ingenieros de caminos.  Allí había sido destinado su padre.  Juan Ramón vivía cerca, en Moguer; su hermano conoció a los Camprubí, no él.

La primera acción benéfica de Zenobia fue poner una escuela en el patio de su casa para enseñar a leer y escribir a los diecinueve chicos del lugar.  Sin previo entrenamiento, puso su escuela al aire libre, enseñó con alegría, premiando a sus alumnos con golosinas que colgaban de las matas.

En 1910, su padre, jubilado, se estableció en Madrid, en un piso de la Castellana.  En octubre 1911, Isabel Aymar y Zenobia se marcharon a los Estados Unidos a conocer al primer vástago de su hermano José, su sobrina Inés.  En  enero de 1912, regresaron a Madrid.

Zenobia se había interesado en la artesanía popular de España al observar bellas muestras de ella en sus excursiones durante la residencia en La Rábida.  En su viaje a Nueva York vio la obra artesanal de España que se vendía en las casas comerciales.  Se encontraba en Madrid una pareja muy conocedora del arte popular, los Byne, que vivían en una pensión en la calle Villanueva.  Él preparaba la obra sobre hierro y rejería para la Sociedad Hispánica de América en Nueva York.  Estaba en contacto con Manuel Bartolomé y Carmen Cossío, de la Institución Libre de Eseñanza.  Él daba conferencias en la Residencia de Estudiantes.  Zenobia se matriculó en los cursos de verano de la Residencia para asistir a las conferencias.  Andaba mucho con los Byne, que vivían pared con pared con Juan Ramón Jiménez.  El piano y los cantos y las risas de sus tertulias lo molestaban, pero se fijó en la chica graciosa y reidora que iba y venía.  Se enamoró de ella. Los Byne los presentaron en una conferencia que impartió Bartolomé Cossío en la Residencia de Estudiantes, al comienzo del verano de 1913.  Fue fácil entablar conversación.  Sin pérdida de tiempo, él se le declaró, sostuvieron una correspondencia muy seria por parte de él y muy burlona por la de ella.

Aunque en un principio, Zenobia se siente atraída por él, influenciada por su madre que no le parece el poeta, el hombre adecuado para su hija, después lo rechaza y la relación entre ellos resulta complicada. Pero Juan Ramón no desiste y tanta fue su insistencia, que de nada sirvieron los contratiempos que pasaron, finalmente formalizan su noviazgo en el verano de 1915.

Henry Lee Shattuck, abogado, pretendiente de Zenobia que creía que ella le correspondía, había pedido su mano al padre de ella, el señor Camprubí, en 1908.  Éste no tuvo qué contestarle porque Zenobia no estaba segura de si lo que sentía por el pretendiente era verdadero amor.  Aun así, no lo repudió, y el noviazgo siguió por correspondencia.  Al insistir el señor Shattuck, Zenobia lo invitó en 1913 a verla en Madrid para hablar del asunto.  Su madre, Isabel, daba por hecho que se casaría con él y lo aprobaba, por el prestigio social de su familia en Boston y su  vida holgada.  Discutió Zenobia con su pretendiente el hecho de que sus padres tuvieran que vivir con ellos en Boston.  Por su parte, a él le preocupaba si se avendría ella a la vida de Boston, de gente acomodada y rígida; si llegaría el momento en que él no pudiera tolerar a sus padres, el que ella fuera católica y él protestante, y la diferencia de sus temperamentos.  Él era callado e introvertido, poco expresivo.  Ella se había quejado de su manera de ser y le dijo que le gustaban las personas que comunicaban espontáneamente sus muestras de afecto.  Pero, la verdad del caso era, como ella misma dijera después, que, desde el momento en que vio al joven Shattuck al ir a recibirlo, se dio cuenta de que no quería casarse con él.  Zenobia ya estaba enamorada de Juan Ramón.

Lo más destacado de esa etapa es la colaboración literaria  entre Juan Ramón y Zenobia, que los lleva a traducir la obra de Rabindranath Tagore al español. Zenobia se ocupaba de traducir literalmente y Juan Ramón le daba forma poética. El primer libro que publicaron conjuntamente fue La Luna Nueva, que apareció con las iniciales de Zenobia y con un poema de Juan Ramón. El libro tuvo un enorme éxito, aunque a ella le disgustó mucho que apareciera su nombre, pues dejaba ver su relación, algo que llevaban en secreto, y porque creía que todo el mérito era del poeta. Este fue el comienzo de una enorme tarea traductora y no sólo tradujeron gran parte de la obra de Tagore, sino también de obras de otros autores, como Shakespeare, Shelley, Poe, Pound, etc.

A finales de 1915 se marcha con su madre a Nueva York, aunque ya tiene decidido casarse con el poeta, a pesar de la oposición de la familia. Juan Ramón la sigue y llega a esa ciudad en febrero de 1916 y se casan el 2 de marzo en la iglesia católica de St. Stephen, ante unos familiares de ella. El padre de Zenobia no quiso saber nada del asunto y ya en esta época estaba definitivamente separado de su mujer.

Después de cuatro meses recorriendo diferentes lugares de los Estados Unidos, regresan a España, acompañados de la madre de Zenobia, que ya profesa un enorme cariño a Juan Ramón y viviendo cerca de ellos hasta el resto de sus días.

Los años siguientes a su matrimonio son de enorme actividad para ellos. Zenobia no sólo ayuda a Juan Ramón en su obra, sino que siguen con la labor traductora y realiza actividades propias que le gustan y enriquecen personalmente participando de lleno en el trabajo social voluntario con las grandes figuras femeninas de la época. Fue una de las cuatro fundadoras de “Enfermeras a Domicilio”, colaboró en grupos como “El Ropero de Santa Rita”, “La visita Domiciliaria” o “El Comité Femenino de Higiene Popular”.

Como secretaria de la Junta para Becas de Mujeres  Españolas en los Estados Unidos, instituida en Madrid en 1920 por María de Maeztu, Zenobia,  bilingüe en inglés y español, hizo una intensa labor.  Se encargó de anunciarla, de solicitar candidatas a los organismos femeninos, de los trámites con los colegios que  ofrecían becas y hasta de procurar medios de transporte, lo que se consiguió gratis la primera vez, por mediación del teniente coronel Van Natta, de la embajada de los Estados Unidos en Madrid.  También fue secretaria y socia fundadora del Lyceum Club Femenino.

La primera que le habló del asunto fue Victoria Kent, y Zenobia enseguida le ofreció su ayuda, con la condición de no ocupar ningún cargo honorífico.  Por su bilingüismo aceptó el de secretaria.  El Lyceum estaba afiliado al de Londres.  La presidenta fue María de Maeztu.  Zenobia fue después presidenta del Comité Internacional del Lyceum.  Tuvieron que luchar contra elementos hostiles, por no tener, como otras instituciones, un padre espiritual ni imágenes religiosas en el local.

Además de las secciones culturales e internacionales, el Lyceum hizo una meritoria acción social, fundando La Casa del Niño, una guardería modelo para niños de dos a cinco años, con la esposa de un doctor al frente, ayudada por las socias del Lyceum y enfermeras diplomadas, atacadas todas ellas por la prensa y el púlpito por no encomendar los niños a una orden religiosa.

Zenobia trabajó algún tiempo en asociaciones caritativas de Madrid, y las abandonó porque no llenaban su cometido por falta de coordinación y centralización.  Fue miembro del Comité Femenino de Higiene Popular, fundado por la esposa de otro doctor, que enseñaba a los niños y a las madres hábitos de limpieza, proporcionando atención médica y premiando en concursos a los que mejor aprovechaban su ayuda.

El cariño de Zenobia y el poeta hacia los niños quedó bien demostrado cuando pidieron a la Junta para la Protección de la Infancia una docena de niños varones de cuatro a seis años para encargarse de ellos al principio de la guerra civil.

Una de las obras más importantes de Zenobia en Madrid fue el establecimiento en 1928 de una tienda de Arte Popular Español, especie de exposición permanente para promoción y exportación de la obra de mano española.  La había visto en los museos y adquirió gran conocimiento sobre el tema.  Una querida amiga de ella, Inés Muñoz, hispana y norteamericana, colaboró y actuó como agente de comercio para el exterior.  La tienda ofrecía todas las manifestaciones del arte popular: forja, alfarería, vidriería, filigrana, trajes, juguetes, encajes, tejidos, esteras.  Zenobia promovió en conventos y aldeas el cultivo de labores de aguja que iban desapareciendo, y, aunque la ganancia económica no fue gran cosa, se hizo el propósito de mostrar lo mejor de ella al exterior.  Otro inesperado resultado fue que la tienda se convirtió en una especie de “club” de mujeres en el que sus aristocráticas y cultivadas amigas se reunían.

Con sus conocimientos del arte popular, Zenobia fue encargada de la decoración de los paradores de Gredos y de Ifach, siguiendo el consejo de Juan Ramón, que la animaba y ayudaba en todas sus empresas y que pensaba que la decoración y el amueblado de los paradores debían representar el interior de su región especial.

El mismo empeño que puso Zenobia en la decoración de los paradores lo empleó en la instalación de pisos amueblados en Madrid, para los extranjeros que llegaban a pasar temporadas en misiones diplomáticas y culturales.

 También ofreció a su marido ayuda como secretaria, transcribiendo su obra, ocupándose de sus asuntos, protegiendo su privacidad, rodeándole de facilidades y comodidades para el trabajo.

La guerra civil echó por tierra todas las obras en las que ella participó.

 A finales de agosto de 1936, Zenobia sale de España junto a Juan Ramón. Después de pasar un tiempo en Nueva York marchan a Puerto Rico, donde estarán hasta noviembre que marchan para Cuba. Su estancia en esta Isla se prolonga hasta final del 39. Zenobia, como deja constancia en su Diario, lo pasa realmente mal, viven en una habitación del hotel “El Vedado” y aunque hace un curso de cocina y colabora en diferentes actividades, como su trabajo de voluntaria en cárceles de mujeres, y diferentes actos culturales, la vida en la isla se le hace cada día más dura. Aunque Juan Ramón se encuentra muy involucrado en la vida cultural cubana y lleva una gran actividad, deciden trasladarse a vivir a Miami, La Florida, pues Juan Ramón había sido invitado a dar conferencias en la Universidad de Miami. Llegan el 29 de enero de 1939.  Después viven en Washington dejando definitivamente Miami el 19 de noviembre de 1942, y finalmente se trasladan a Riverdale, Maryland, donde van a vivir hasta que marchan a Puerto Rico en el año 1951.

Esta época también fue dura, compraron una casa que nunca habitaron y Juan Ramón se agrava en su estado depresivo, teniendo que ser internado en varias ocasiones. No obstante él continúa con su labor poética y escribe obras importantísimas, como Tiempo y Espacio, Romances de Coral Gables, etc.

En 1942 se trasladan a vivir a Washington donde la Universidad de Maryland había ofrecido a Zenobia un puesto para promover el aprendizaje de la lengua  española entre los soldados. De esta colaboración se deriva la incorporación de Zenobia y Juan Ramón como profesores de Lengua y Literatura Extranjeras, en esa Universidad. Se mudaron a una pequeña población cercana, Riverdale, cerca de la Universidad. Juan Ramón sigue escribiendo, ahora en su nuevo trabajo, Animal de Fondo y Zenobia se dedicó con entusiasmo a su trabajo en la Universidad.

En 1948, después de un viaje triunfal, dando conferencias en Argentina y Uruguay, Juan Ramón recae de nuevo en su enfermedad y sus ingresos son más continuos y por ello Zenobia, aconsejada por los médicos, decide buscar un lugar donde el poeta se sienta como en su tierra y por ello se decide por Puerto Rico donde se instalan en 1951. Ambos son incluidos como profesores y realizan una incesante actividad.

Allí Zenobia es diagnosticada de cáncer de útero. Después de haber visitado al médico en Puerto Rico, decidió trasladarse a Boston ante la negativa de éste a intervenirla quirúrgicamente.  En el aeropuerto de Boston la esperaban su sobrina Inés, hija de su hermano José, e Inés Muñoz, amiga de Zenobia.  Esta mujer cuidará de ella durante toda su estancia en el hospital.  El viaje a Boston lo realizó Zenobia sin la compañía de Juan Ramón “Yo me voy creyendo que esta operación alargará mi vida.  Si no fuera así no me habría ido.  Perdóname todas mis exaltaciones de última hora.  Yo estaba deshecha por dentro y estaba tratando de hacerme fuerte.  Si te contesté que en el peor caso prefería que me dejasen allí es porque el cuerpo no vale nada ni soy yo.  Mi alma está siempre contigo”.

Zenobia fue operada en el Massachusetts General Hospital por el doctor Meigs, reconocido especialista de Boston.  En la intervención quirúrgica le extirparon un tumor de “cinco libras”, o al menos eso le contaba ella a Juan Ramón, en una carta fechada el 2 de enero, desde el hospital.  En esta carta Zenobia ironizaba comparando el fibroma con una sandía.

Después de pasar casi dos semanas en una casa de convalecencia fue dada de alta el día 10 de enero de 1952.

Una vez restablecida se incorpora de nuevo a su actividad universitaria, trabaja en la obra del Nóbel y cuida a Juan Ramón, ahora con una incesante actividad.

En 1953  aparece un brote de la enfermedad. Zenobia cuenta todo el periplo “Se me presentó un ligerísimo brote del mal aparentemente vencido el año pasado y, como esas cosas cuando hay que atenderlas con más urgencia es en su primera aparición, ha habido días en que me he pasado 5 horas en consultas de médico, sin dejar por eso de atender mis obligaciones universitarias, que me llevan bastantes horas.  Juan Ramón me sacó de apuros un par de días cargando con mis nueve horas semanales de clase, además de las 6 suyas.  Afortunadamente esto ha sido corto y ya sólo me queda acudir a una sesión de Rayos X diaria durante 1 mes.”

En el 56, se produce una recaída en la enfermedad.  El tratamiento de Rayos X que mantenía Zenobia en Puerto Rico para frenar la expansión celular fue interrumpido en el mes de mayo.  La gran cantidad de sesiones de Rayos Roentgen a la que fue sometida, le causaron unas enormes quemaduras, hasta el extremo de dificultarle el poderse sentar normalmente.  Viendo que su estado no experimentaba ninguna mejoría, sino que por el contrario cada día aumentaban sus dolores, decidió consultar con el Dr. Meigs y otros especialistas. El 24 de junio de 1956 Zenobia se marchó al Massachusetts General Hospital de Boston, con el deseo de someterse a una segunda intervención quirúrgica, que no se llevó a cabo por lo quemada que tenía – a causa de los Rayos X- la zona a operar.  Le garantizaba sólo unos meses de vida, confesión que se la haría ante la insistencia de ella.  Así le cuenta en carta a su sobrino Paco el día 2 de julio: “Acaba de irse el Dr. Meigs y le he preguntado francamente, si no me puede operar, para cuánto tiempo cree que tengo, días, semanas, meses o años.  Dijo: meses. Así que a ti te lo digo antes que a nadie.

Posteriormente,  y con el ánimo de tranquilizarla, el doctor Meigs le puso un tratamiento de cortisona y la citó para volviera la primera semana de septiembre esperando a “que los tejidos se desinflamen y vuelvan a condiciones operables”.  Zenobia empezó a preparar su salida de este mundo, aun así, el 2 de septiembre se marchó de nuevo para el Massachusetts General Hospital de Boston  esperando una segunda operación pero ya no pudieron operarla.

Aunque su mal va avanzando, ella se dedica de lleno a la recopilación y publicación de la Tercera Antología Poética y a ordenar y colocar libros y objetos de Juan Ramón, en la Sala que la universidad les había cedido.

Estando ingresada y agonizando se corre el rumor de la concesión del Premio Nobel a Juan Ramón, es informada extraoficialmente y por la gravedad de su situación, que efectivamente le sería concedido al poeta dicho premio. Ella es la encargada de dar al poeta la noticia, que acoge con enorme tristeza, y siendo sus palabras de las últimas que pronunciara, junto a recomendaciones y peticiones a su sobrino sobre el cuidado del poeta.

El 25 de octubre se hace oficial la noticia y el 28 muere en la Clínica Mimiya de Santurce (Puerto Rico). Su cuerpo, fue expuesto en la Sala Zenobia-Juan Ramón de la Universidad, y posteriormente fue enterrada en el cementerio del Porta Coeli de Bayamón.

Al recibirse en Moguer la noticia de muerte de Zenobia, el mismo día 28 de octubre, que era domingo, la corporación municipal celebró una sesión extraordinaria en la que se acordó en primer lugar nombrar Hija Adoptiva de Moguer a Zenobia Camprubí, solicitándose además al Ministerio de la Gobernación la autorización correspondiente para el nombre de Zenobia Camprubí a la calle de las Flores.

El entonces alcalde de Moguer, Juan de Gorostidi, cursó al poeta en la mañana del lunes 29 un telegrama con el texto “todo Moguer comparte tu dolor por el fallecimiento de Zenobia” y, ya por la tarde, la corporación volvió a reunirse acordándose, por un lado, la celebración de un solemne funeral que tendría lugar el 5 de noviembre y, por otro, suspender todos los festejos organizados en señal de júbilo por la concesión del Nobel a Juan Ramón.

A la muerte del poeta, en 1958, sus restos viajaron junto a los de su marido y reposan en el Cementerio de Jesús, en Moguer, donde fueron depositados el viernes 6 de junio de 1958.

La imagen que han tratado de vender de Zenobia como mujer sacrificada, la habría horrorizado.  Ella fue una de las primeras mujeres en España con carnet de conducir y que luchó por los derechos de las mujeres, actuando en consecuencia y colaborando activamente en proyectos encaminados a este fin. Por su forma de ser y temperamento nunca se habría dejado anular por el poeta, aunque era consciente de que estaba casada con un genio, pero también con un hombre enfermo, que en épocas de crisis, al igual que cualquier otro, tenía reacciones y comportamientos propios de su enfermedad.

En cuanto a otros argumentos falsos, que han hecho ver que por culpa del poeta, se perdió una gran escritora, ella misma responde perfectamente a este punto, en su escrito Juan Ramón y yo : “Así como nunca enfoqué en mi juventud la idea de convertirme en maestra, muchas veces había pensado en un porvenir de escritora. Pero como no me casé hasta los veintisiete años, había tenido tiempo suficiente para averiguar que los frutos de mis veleidades literarias, no garantizaban ninguna vocación seria. Al casarme con quien desde los catorce, había encontrado la rica vena de su tesoro individual, me di cuenta, en el acto, de que el verdadero motivo de mi vida había de ser dedicarme a facilitar lo que era ya un hecho y no volví a perder más tiempo en fomentar espejismos”.

Bibliografía:

  • Sody de Rivas, Ángel.  Aquella Flor Amarilla. Moguer, [Huelva], Fundación Municipal de Cultura, [2007]
  • Campoamor González, Antonio. Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Años Españoles (1881-1936). SevillaUNIA, 2014.
  • Palau de Nemes, Graciela.  “Zenobia en las Épocas del poeta” en Premio Nobel 1956. Catálogo.  Residencia de Estudiantes, Madrid, 2006.

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